
Naturalmente que aquí no se trata solamente de barrer en el sentido usual de la palabra. Ya se ha mencionado que se trata de un arte contemplativo. Hay una gran diferencia entre la meditación y la contemplación.
Quién medita suele sentarse en una posición determinada, pasiva y generalmente forzada. Cierra los ojos para no dejarse influir por nada de lo que pasa en el mundo exterior, y se pone a explayar imágenes mentales. Estas pueden ser verbales, pero también existen las visuales e incluso las auditivas. Los grandes meditadores llegan a tener imagenes de cualquier índole sensorial. O sea, se están "escuchando", o al menos intentan practicar la introversión. La única realidad que verdaderamente les interesa es la abismal endógena..
En cambio, el que que desea estar activo, el que se interesa por lo exterior, tiene grandes dificultades si quiere meditar. A este tipo de persona le conviene dedicarse al arte de la contemplación, que aquí llamamos el arte de barrer.
No todo el mundo puede ser contemplativo. En primer lugar, hay que superar la aparente contradicción entre ser activo y ser contemplativo. Esta contradicción es puramente teórica. La contemplación es eminentemente activa: la condición necesaria es ser capaz de concentrar y mantener la atención.